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    Así es la lucha del cerebro infantil entre los dulces y los consejos saludables de la madre

    Jun 8, 2016

Jun 8, 2016

Así es la lucha del cerebro infantil entre los dulces y los consejos saludables de la madre

Esta publicación de El País plantea que el ser humano nace preparado para comer azucar, carbohidratos y grasas, es decir, todo lo “rico”, que engorda y que solo traerá dificultades a la salud. Entonces, lo que hay que aprender es a educar el apetito: el propio y el de los niños a temprana edad.

Una reciente investigación neurológica de la Universidad de Kansas aclara ahora como funciona el cerebro de un niño frente al dilema de comer “lo que quiere” y lo que “debe”, o sea, lo que sus padres le dicen que es sano.

El cerebro desarrolla un mecanismo de compensación: ”El niño incorpora un modelo del tipo de alimentos que le aconseja su madre, y dos partes de su cerebro luchan entre el deseo salvaje del pastel y el discreto encanto de la acelga que ha aprendido de mamá. He aquí el aprendizaje nutricional en acción”. dice la publicación.

La doctora Amanda Bruce y sus colegas de la Universidad de Kansas estudiaron a 25 niños de 8 a 14 años de edad “con una combinación de pruebas psicológicas de comportamiento e imágenes de su cerebro en acción con resonancia magnética funcional”.

Se les pidió que califiquen en una escala de puntuación 60 alimentos (manzanas, papas fritas, gomitas, etc) según dos criterios: si les gustaría comérselos y si a su madre les gustaría que se los comieran, al mismo tiempo que examinaron la actividad de su cerebro mientras tomaban estas difíciles decisiones.

Los resultados de esta prueba son hasta tiernos: los niños basaron su elección en la combinación de los dos criterios, su apetito salvaje y las lecciones de sus madres.

Lo más relevante de este estudio es que importa y muchísmo repetir majaderamente a los niños lo que es bueno y lo que es malo para ellos, porque aunque se nieguen a comer el plato de porotos, el mensaje de que los porotos son buenos y vitales para una buena alimentación, queda grabado (literalmente) en su cerebro. 

Fuente: Radio Paula