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    El cáncer y yo: ¿Nódulo maligno o benigno?

    Mar 8, 2016

Mar 8, 2016

El cáncer y yo: ¿Nódulo maligno o benigno?

Independiente del diagnóstico me iba a enfrentar a lo que fuera, que te hablen de biopsia es que te digan suavemente “queremos saber si tienes cáncer o no”; al menos así lo sentía yo. La genética familiar no me acompaña en nada, así que me entregué a “la voluntad de Dios” como dirían mis papás y puse pecho a las balas.

Mi nivel de ansiedad eran tal que lo único que quería era que llegará el día de tener que hacerme la biopsia. Daba igual el dolor, el costo y lo que significará, necesitaba saber pronto qué pasaría conmigo; sin embargo, la calma todavía inundaba mi humanidad ¡Podía comer! no tuve vómitos ni indigestión, en tiempos pasados con suerte hubiese pasado una taza de te, la que hubiese terminado en el baño por cierto.

Me mantuve positiva frente al imaginario mal pronóstico. Mis tías con cáncer de mama estaba bien ¿Por qué no podría estarlo yo también? Seguí pensando en la peluca, miré pechugas en la tv para saber qué siliconas me gustaban en caso de que tuviera que aplicar ese recurso y mi alma seguía en paz.

¡Llegó el día! Seguía la calma. Tomé desayuno.

Estallé en nervios cuando descubrí que me faltaba el papel del seguro complementario, a poco rato de partir a la clínica nada funcionó – ni el computador, ni la impresora – me fui sin el papel, complicada, nerviosa, al borde del llanto, enojada ¡Terrible!

Entré a la habitación en donde me haría “el procedimiento” y se sumaron 5 mujeres más: Radióloga, practicante de radiología, tecnóloga médica, enfermera y asistente de enfermería. Eso me asustó mucho, me sentía un caso especial, al borde de la muerte, sin diagnóstico ¿Por qué siempre había tanta gente?, ¿era mi caso digno de estudiar? ¿tan pa’ la caga’ estoy?

La radióloga me calmó, sólo conversamos de la vida, del trabajo y cada cierta cantidad de frases me decía “tranquila, no te preocupes, vamos a ir paso a paso”.

Me pinchó la mamá izquierda y me anestesió lo suficiente, yo sentía ruidos pero no dolor. Me cortó con un bisturí al lado izquierdo de la mamá mientras movía el ecógrafo. Me explicó que necesitaba extraer pedazos de tejidos del nódulo y que por lo bajo serían 5, que sentiría el sonido del corte como una corchetera, pero nada más.

¡Y así fue! no me dolió nada y sentí el famoso ruido 10 veces. Al finalizar, me pusieron puntos de niños, de esos que son parches y un gran parche para el agua. Me fui con indicaciones de no hacer fuerza, de qué hacer en caso de sangramiento,  medicamentos para el dolor.

Al salir de la clínica me dolía la cabeza, supongo que de la tensión, dormí toda la tarde, hasta salí a carretear en la noche. Los dolores comenzaron al otro día, cuando ya no quedaba anestesia en mi cuerpo, no eran dolores infernales, pero si molestosos y por sobre todo me recordaban que estaba pasando por un momento difícil e inexplicable ¿Cómo había llegado a todo eso? ¡Ni idea!

En una semana más sabría si tenía cáncer o no, esas eran para mi las alternativas. Luchar por la vida o seguir viviendo como si nada. No había en mi registro nada más. Afortunadamente, las vacaciones se acababan y volver al trabajo me ocuparía la cabeza en otra cosa, mi pega siempre ha sido protectora en momentos difíciles y en esta ocasión no sería distinto ¡Estaba lista! La vida continuaba, aunque ligeramente detenida.