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    Insólitas situaciones desnudan precariedad de los museos chilenos

    Feb 21, 2016

Feb 21, 2016

Insólitas situaciones desnudan precariedad de los museos chilenos

Cuando los funcionarios del Museo de Ancud salen a terreno para hacer investigaciones (fundamentales para acrecentar las colecciones del recinto), deben hacerlo con dinero de sus bolsillos, pues el precupuesto no cubre viáticos. En Santiago, en tanto, en el Nacional de Bellas Artes, algunos artistas han tenido que usar sus propios recursos para terminar de financiar una exposición. Eso, mientras el Museo de la Educación (también en la capital), acostumbra prestar sus dependencias a organizaciones que quieran hacer actividades culturales, a modo de “trueque” por objetos como cortinas para el establecimiento.

Se trata de tres ejemplos de la precariedad en que deben moverse los museos tradicionales y que contrasta con la situación de centros culturales, como el Gabriela Mistral (GAM) o el de La Moneda.

El tema sale cada tanto a la discusión pública. Pasó a propósito de la polémica por el sueldo de la ex directora del Gam, Alejandra Wood, y ha vuelto a ocurrir en estos días al conocerse el magro aumento (5%) registrado en la asistencia a museos luego de que el año pasado se estableciera la gratuidad en su acceso.

Consejo de la Cultura se lleva la mayor parte de los recursos

La Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), de la que dependen 26 museos, recibe alrededor del 31% del presupuesto que el país destina a cultura, según cifras del Observatorio de Políticas Culturales y la Ley de Presupuesto 2016. El resto, un 69%, va al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), destinándose a financiar convenios con centros culturales, teatros regionales o programas de la misma índole, además de los distintos fondos para proyectos artísticos. Llevado a pesos, el Consejo tiene asignados para este año $119.672.202.000, mientras que para la Dibam la cifra es de $53.779.685.000, que deben repartirse entre la Dirección de Bibliotecas, el Consejo de Monumentos Nacionales y los museos.

Ángel Cabeza, director de la Dibam, admite que los recursos son insuficientes, pero afirma que la brecha entre los dineros asignados a áreas vinculadas con la creación artística y los entregados para lo patrimonial es un fenómeno que se repite en el mundo, dadas las características y dinámicas de cada uno.

Pero también existen otras diferencias. Al contrario del Consejo (cuyo titular tiene el rango de ministro), la Dibam depende del Ministerio de Educación, y es este el que debe gestionar anualmente sus recursos ante Hacienda. Precisamente esta condición de “apéndice” del Mineduc -estiman diversos sectores- jugaría en contra de sus posibilidades de acceder a mayor financiamiento, al ser parte de un ministerio cuyas principales prioridades están en otros ámbitos. En palabras de parlamentarios que año a año revisan las glosas respectivas, la Dibam sería una suerte de “patito feo” dentro de la discusión presupuestaria. El propio Cabeza dice que el ministerio “siempre ha estado abierto a nuestras peticiones de aumento”; sin embargo, “nuestras demandas siempre están por sobre las posibilidades reales de financiamiento”.

Pero la visión que entregan directores de museos y ex autoridades del área es mucho más drástica. Todos coinciden en hablar de una falta de voluntad política y de conciencia respecto del tema.

Diego Matte, ex director del Museo Histórico Nacional, afirma que mientras más antigua es la institución, más “castigada” resulta dentro de las prioridades del Estado. “Para un gobierno es menos atractivo financiar una exposición que un festival o un concierto masivo, que tiene una visibilidad inmediata. Los museos hacen un trabajo más silencioso”, dice.

El problema: “No tenemos pirotecnia”

El escenario en regiones no difiere mucho. Rodrigo Iribarren, director del Museo Gabriela Mistral, de Vicuña, habla de lo difícil que es para instituciones como la suya atraer una mayor atención del Estado. “Nosotros somos una institución que conserva el patrimonio. No tenemos pirotecnia y no la vamos a tener, a diferencia de los centros culturales, por ejemplo, que meten mucho más ruido”, dice.

Lo que reciben los museos de la Dibam suele alcanzar solo para gastos básicos, como luz, agua y mantención de sus edificios. Ello, aunque incluso en esos ítemes se registran situaciones insólitas. Bárbara Negrón, directora del Observatorio de Políticas Culturales, cuenta por ejemplo que al ir al Bellas Artes se ha encontrado con que los baños del recinto no disponían de confort.

Marijke Van Meurs, directora del museo de Ancud, afirma que para los servicios básicos les alcanza “justo”, y que para gastos como investigaciones o exposiciones internacionales deben postular mediante proyectos a fondos culturales o de la misma Dibam.

El ex director del Museo Nacional del Bellas Artes durante 18 años, Milan Ivelic, dice que en su período “no habían grandes cambios en el presupuesto anual” que permitieran desarrollar actividades más ambiciosas.

Por ejemplo, cuando un museo como ese quiere traer una exposición del extranjero, se requiere financiar gastos como el flete del avión, seguros, embalaje o la contratación de un comisario. Se trata de costos que en total rondan entre los doscientos mil y el millón de dólares, para una institución cuyo presupuesto actual es de $1.700 millones. Por ello, su realización exige alianzas con privados.

Ivelic, sin embargo, señala que “en más de una oportunidad una exposición fue cancelada porque no alcanzamos a conseguir los recursos”. Estos se multplican -dice- porque el museo carece de seguros contra incendios, terremotos o inundaciones.

Cuando se trata de artistas nacionales contemporáneos, en tanto, a veces han debido solicitarles aportar con el financiamiento de sus muestras.

Petición a los artistas: Hágalo Ud. mismo

Algo que también ocurre en el museo de Vicuña, dice su director. Incluso, “les pedimos a los artistas que ellos hagan las invitaciones o ayuden a la difusión “. Además, en el caso de Vicuña, por cuestiones legales, no pueden recibir transferencias directas de privados, por lo que se ven obligados a pedir aportes en forma de “especies como tinta o papel”.

Otro problema para los museos es la exhibición de ciertas piezas que, por requerir de particular cuidado, deben ubicarse en vitrinas especiales o exigen cambiar la climatización de la sala. Producto de la falta de recursos para financiarlo, hay colecciones que simplemente no pueden ser mostradas y permanecen bajo llave, comenta Matte.

Para el actual director de la Dibam, la creación del Ministerio de Cultura abriría la posibilidad de empezar a mejorar la situación de los museos, al establecerse una subsecretaría a cargo de los temas de patrimonio, con un rol más directo en la negociación de recursos con Hacienda. El proyecto se encuentra en primer trámite en la Cámara de Diputados. Con todo, los directores de museo advierten que, aunque ello puede mejorar su situación, no es seguro que signifique un cambio dramático en los recursos que reciben.

Fuente: Economía y Negocios