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    Las 9 claves para escoger tu vestido de novia

    May 6, 2016

May 6, 2016

Las 9 claves para escoger tu vestido de novia

La búsqueda del vestido es lejos una de las mejores aventuras del matrimonio. En todos lados te dan un montón de claves: “forma de cuerpo, color,  estilo”, que esto que lo otro, pero finalmente según mi experiencia debes tener claro estas 9 claves.

  1. ¿Eres una persona ansiosa o tranquila? ¿Demasiado perfeccionista o relajada y conformista? Debes decidir entre mandar a hacer un vestido o comprarlo ya listo.
  2. ¿Quién me acompañará a ver el vestido?: Necesitas alguien que acompañe, comprenda y que por sobretodo contenga (momento maravilloso pero angustioso también). Personas que sean capaces de reflejar TU emoción, que piensen en ti no en sus preferencias.
  3. Presupuesto ¿Cuánto estás dispuesta a gastar? Y siempre tener un margen porque la probabilidad de que termines gastando más es alta.
  4. Revisa virtualmente los mil y un vestidos disponibles
  5. Escoge los principales modelos que según tu forma corporal, tus sueños y tu corazón quieres ver en las citas
  6. Haz todas las citas que quieras y puedas, en los locales que ofrecen vestidos de tu estilo (la mayoría, sino todas, son gratis así que en probar no hay engaño).
  7. Los días de las pruebas, lleva zapatos altos, peinado similar al que quieres para ese momento (al menos si será suelto, recogido o semirecogido), si tienes alguna joya también y ojalá maquillada más o menos similar. El vestido es lo máximo, pero tenemos que ayudar también.
  8. Busca una vendedora amorosa: La verdad es que si trabajas en esto todas deberían serlo, pero NO. Y para las personas que nos dejamos llevar por la guata es fundamental la buena atención.
  9. Definir si buscarás que te quede bien o si quieres llegar al punto siútico pero real de emocionarte con el vestido (tomando el riesgo de que nunca pase). Este punto yo creo que es mentira que lo puedas definir conscientemente, pero igual debes tenerlo presente.

Mi camino al vestido de mi corazón

Antes de comenzar a buscar o visitar lugares decidí que necesitaría un vestido ya listo. Imagínense que para mandar a hacer un vestido hay 4 barreras que pueden no comunicarse unas con otras: “Lo que yo pienso que quiero” “Lo que yo digo que quiero” “lo que la modista escucha que quiero” “lo que realmente resulta”. No podría soportar la incertidumbre de cómo quedaría.

Al comenzar mi búsqueda escogí a mis compañeras de ruta: mi mamá y mis mejores amigas. Mi mamá, porque siempre me ha asesorado y dado su opinión en mis grandes eventos (incluyendo todos mis vestidos de china/cueca). Además, es mi mamá, y ese momento era tan importante para ella como para mí. Ahora, si usted no se lleva bien con su madre, este momento puede ser mágico, pero yo no le recomiendo utilizarlo para entablar lazos, porque lo que más necesita una novia es comprensión, amor y mucha mucha contención de su angustia. Eso de probarse mil vestidos y no encontrar el que quieres, requiere de personas que te puedan sostener.

Aquí aparecen también mis mejores amigas, por situaciones externas no pudieron ir todas, pero fueron parte fundamental. Eran la sinceridad que necesitaba pero con el tacto de quien te quiere.

Los primeros locales fui sólo con mi mamá. Las primeras pruebas son emocionantes porque jamás me había puesto un vestido de novia, excepto el de mi mamá como a los 10 años (después de eso ya no me entró) para alguna fiesta de disfraces o algún acto.

También empiezas a ver que no todos son bonitos, y poco a poco comienzas a preguntarte si encontrarás el que te haga llorar de amor. El primer día me gustó uno que jamás pensé que me gustaría porque tenía forma de trompeta (apretado hasta un poco más debajo de las caderas), y yo sin mucha cadera aun así se veía bonito. Pero bonito no me bastaba.

Además ese día comprobé que necesitaba ser bien atendida, porque a la segunda tienda que fui me atendió una señora (vieja pesá’) de manera cortante y fría, que cuando escuchó mi presupuesto cambió su trato. Está bien que sea una tienda grande, donde hay de todo tipo de presupuestos, pero no porque unos paguen más que otros las vendedoras tienen el derecho a joderte uno de los momentos más lindos de los preparativos. Yo creo que si ella me hubiese atendido bien, quizás me hubiese quedado con el segundo vestido que me trajo, que era corta A, como princesa pero no como globo. Me gustó, pero me había caído tan mal su actitud, tan interesada, que de picada yo creo, no dejé que me enamorara y le hice la media tapa: “¡Señora aprenda que todas merecemos lo mejor! ¿O no se ha dado cuenta que está trabajando con uno de los días más importante para gran parte de las personas?”

Bueno, la señora “simpática” me dijo que con mi presupuesto tenía que ir “más arriba” acá en Santiago, así que pedí hora “más arriba”.

La probadera y el vestido perfecto

Debo ser súper sincera, y a pesar de que ahora le tiro flores a La Casa Blanca Disigners, en un principio me sentí como pollo en corral ajeno. Al decir mi presupuesto allá, me dijeron “ah… esto es lo que te puedo ofrecer por eso”. Me pasó una revista que tenía con suerte 2 modelos de mi presupuesto y el resto nada.

Nos miramos con mi mamá y mis 2 amigas y estuvimos a punto de agarrar nuestra canasta con huevos duros, las gallinas e irnos (el campo es más amable). Pero decidimos quedarnos igual y ver qué tenía para ofrecernos. Yo pensé: ”si esta señora es igual de pesada que la otra la haré trabajar y que me muestre vestidos, porque vestidos de estos precios no me volveré a probar jamás”. En probar no hay engaño. Y empezó la probadera.

Me trajo fácil 10 vestidos. Yo en pelotita, mi mamá acompañándome, la señora me ponía un vestido, entraban mis amigas, desaprobaban, yo también, salían mis amigas y volvía a empezar el proceso. Definitivamente la vendedora no había escuchado lo que yo quería, me traía sólo vestidos apegados, que era lo que me había sorprendido en otros lugares, pero que no era lo que yo le había dicho a ella (corte A, sin exagerar).

Cuando ya pensábamos en irnos, la señora trajo 2 vestidos que “ella había escogido pensando en mí”. La verdad es que por fin me había escuchado. Me probé el primero, era bonito, mis amigas pusieron cara de que estaba mejor que el resto y se acercaba a lo que quería.

Cuando me probé el último la cosa cambió.  El vestido era talla 42, me quedaba grande pero con las pinzas quedó perfecto. Vi la cara de mi mamá y poco podía decir. Me miraba con cara de amor infinito. Me pusieron un velo, me pasó un ramo, abrieron la puerta de la salita y me hicieron caminar hacia un espejo gigante. Mis amigas se taparon la boca con las manos y se iluminaron sus ojitos (reacción ganadora concurso de belleza). Yo recuerdo sus caras, y creo que ahí comprendí que no era el amor a mi vestido, era el reflejo de mi cara, de mis ojos, de mi amor al vestido. Eso es exactamente lo que buscas en quien te acompañe ese gran día, que sepa espejar tus emociones. Mi madre ya tuvo su día, mis amigas ya lo tendrán (y espero estar ahí), pero ese día necesitas a quienes sepan devolver tus propias emociones. En esos momentos son tan grandes y confusas las emociones, que necesitas que esas personas se emocionen contigo para que comprendas que ya no hay nada más que buscar. Lo habíamos encontrado.

Fotógrafo: Mauricio Zamudio

Fotógrafo: Mauricio Zamudio

Vestido Allure Bridals, escote corazón, encaje, tul, forma en A, como princesa pero no un globo, espalda rebajada, cola hermosa. Tenía casi todos los requisitos. Sólo 3 detalles me confundieron, pero los superé:

  • El precio: se escapaba de mi presupuesto: pero me había prometido que si me enamoraba pagaría casi lo que fuese. Y trabajé casi 3 meses full para pagar solo mi vestido y no me arrepiento para nada
  • Una flor bordada muy grande para mi tronco
  • La talla: estos dos últimos los superé volviendo incluso a probármelo antes de la prueba oficial. Busqué otra alternativa, pero cuando volví a estar en él y comparándolo con el nuevo que había pedido ratifiqué mi amor infinito hacia él y su flor. Y por la talla simplemente confié en el trabajo de las costureras. Y gracias al cielo no me equivoqué. Quedó perfecto.

En el último punto clave para mí no había otra opción que enamorarme del vestido. Era arriesgado, pero casarse era una decisión igual de arriesgada y definitiva, y el vestido no sería menos intenso que eso.

Fotógrafo: Mauricio Zamudio

Fotógrafo: Mauricio Zamudio

Yo felizmente amé el vestido (lo amo y amaré), y amé el camino recorrido y la compañía en encontrarlo.

Fuente: La Otra Yo