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    Mi Placer Culpable: ¡Sí, quiero casarme!

    Jun 8, 2016

Jun 8, 2016

Mi Placer Culpable: ¡Sí, quiero casarme!

En el mes de abril se cumplió un año desde que el hombre más hermoso de este planeta se animó a pedirme matrimonio, a lo que obviamente dije que ¡Sí!. No había duda de mi respuesta, porque tal como lo dijo mi querido primo-hermano el día del matrimonio, “antes que ser una profesional, una madre, una lo que sea… ella siempre quiso casarse”. Sí, es mi gran placer culpable.

Placer Culpable porque el matrimonio es un evento que asocia a lo delicado, a lo femenino casi bordeando lo siútico, mientras que yo toda la vida me he jactado de ser bastante niñito para mis cosas: amo bailar cueca pero envidio la liberta de zapateos de los hombres, en general me carga la histeria femenina o no me sienta cómodo con la herramienta de la “sensualidad de la mujer” como argumento, como arma, como lo que sea frente a eventos,  me latean las actitudes de “niñitas” (tomando el término machista peyorativo del ser niña, por eso también las actitudes que avalan este dicho me cargan). Pero el matrimonio simplemente es otra cosa.

Cuando pienso en el matrimonio no lo hago desde el compromiso social -el papeleo, la burocracia-, sino como el acto en sí mismo, en su simbolismo. Me encanta en su estética – todos los detalles desde el maquillaje hasta la decoración del salón- y en su significado. ¡Los preparativos me parecen lo máximo!.

¿Por qué escribir ahora?

Ya pasó un año de los preparativos, pero vi esta opción en un primer momento como una terapia pública del duelo de mi matrimonio. No hablo de una separación sino todo lo contrario, estoy felizmente casada viviendo lo que dicen son los primeros meses de luna de miel. Hablo del duelo del trabajo en los preparativos del matrimonio.

Pensé en el escribir como un acto para despedirme de los preparativos, de las ideas y del evento en sí mismo, como si dejando registro de lo que hice pudiese dejar de pensar en los detalles de un matrimonio. ¡Yo ya me casé, entonces debo dejar los preparativos atrás! Pero la verdad es muy lejos de eso el recordar el camino recorrido me dio más ganas de compartirlo, y de mostrar las búsquedas interminables, la ejecución de grandes ideas que quizás al compartirlas más de alguien se sienta inspirado, y las lleve a su propio matrimonio.

Recordé entonces que en algún momento, cuando comencé el proceso hace un año, quise escribir de manera pública en un blog o algo similar, sobre mis andanzas en esos momentos. Pero la verdad es que el miedo me detuvo. Sí, soy un poco miedosa y supersticiosa, como buena persona de campo: ¿Se imaginan yo escribiendo un blog y que luego pasara algo y no se llevara a cabo? ¡Me muero!. Un pensamiento fatalista, pero que pasó por mi mente e hizo que el escribir quedara sólo en ideas.

Hoy, ya cumplido un año del pitazo inicial y ya habiendo concretado todas las ideas, los simbolismos, las alegrías del maravilloso día del matrimonio, quisiera recordar a través de estas notas las cosas importantes- y no tan importantes.

Las anécdotas infaltables, las vivencias, las experiencias, las ideas, lo sentimientos, lo bonito, lo feo, lo bueno y también lo malo. Ya no busco despedirme de ellas, sino más bien quisiera narrarlas, re-narrarlas para generar así nuevos recuerdos, volviendo sobre mis pasos y sobre los pasos de muchos. no caminé sola hasta el día del matrimonio, y muy probablemente esta forma de leer lo que hicimos juntos, para mi gente y mis invitados, sea una nueva forma de agradecer también su compañía.

Estas notas serán multipropósito, serán un regalo para el que lo vivió conmigo, un relato sincero desde la experiencia personal de una mujer real para quienes gusten de leer y, por otro lado, quizás acompañar/ayudar a más de alguna(o) en su aventura al altar – ya sea religioso, civil, simbólico, la cosa es el acto mismo.

Les contaré desde los detalles de la novia, hasta los arreglos, la celebración, el festejo, el mambo, los recuerdos y todo.

Para comenzar creo que es bueno hacerlo por el principio:

“¿Te quieres casar conmigo? – Sí, aceptó… ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Con qué plata?”

Fuente: La Otra Yo