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    Profesora escribió libro para enseñar a validar tristeza en los niños

    Abr 26, 2016

Abr 26, 2016

Profesora escribió libro para enseñar a validar tristeza en los niños

Corría septiembre  y un estudiante de primero básico lloraba a diario, mañana y tarde, en el Colegio Montessori  “Yerpún”, en Quilpué. A la profesora Marión Acuña (36) le resultaba conmovedor observarlo, no podía entender qué le ocurría.  Algunos maestros lo acompañaban o le hacían cariño, mientras que otros, un poco agobiados, le pedían que “parara de llorar”.

Una tarde lo encontró sollozando debajo de una mesa y se detuvo a conversar con él. “Le dije que había que llorar al sol, con libertad. Le comenté que cuando alguien llora es como si se desenredara una lanita en el corazón”, cuenta. El pequeño se calmó y se escabulló por el patio de la escuela.

Podría ser una anécdota más en la vida de cualquier maestra. Pero para la también actriz fue una experiencia que la remeció. Un tiempo después se separó de su pareja y cayó en una profunda tristeza.  Un día cualquiera se acordó del alumno que lloraba y se convenció de que debía crear algo, porque ahí había una historia. Intentó primero dibujar, pero  dejó de lado los trazos porque no la convencían.

Viajó luego con una amiga a Calama a realizar unos talleres artísticos, uno de los cuales era sobre el teatro de sombras. Marión se dio cuenta de que esta técnica alucinaba a los menores y tuvo un “clic”: haría una historia que combinara precisamente relatos y sombras chinas, que representan cada escena jugando con la luz y oscuridad. Su protagonista sería el estudiante que se escondía a sollozar.

Se apasionó con la creación y cuando terminó empezó a pensar en qué editorial publicar.

Un amigo suyo presentó el proyecto a la Junta Nacional de Jardines Infantiles  y fue así como nació “Penas que abrigan”, de Ediciones Junji, que fue lanzado el 31 de marzo pasado.

Las páginas relatan la vida de Valentín que está triste  y supera su pena gracias a la ayuda de su abuela.

Acuña plasmó el consejo que le dio al escolar esa tarde de septiembre y que seguramente él no olvidó: “Un día la abuela –relata el texto- al abrir la despensa lo encontró. Llorar a la sombra no es bueno. Tienes que buscar el sol, si no te pierdes la lanita. La tristeza es un enredo grande que tienes dentro; hay que saber llorarla para que la madeja se ordene”.

CONTENCIÓN SIN ASFIXIAR

Imagen foto_00000013Hace tres semanas que lo lanzó y la autora se sorprende del impacto que ha tenido, especialmente entre los adultos.

“Cuando me lo comentan muchos se ponen a llorar, a diferencia de los niños que se lo toman de una manera más ligera. Debe ser que los más grandes estamos como bloqueados con el llanto y nos cuesta abrir el corazón”, reflexiona.

Marión busca que el libro lo lean tanto profesores, padres como estudiantes, aunque admite que el trabajo está dirigido a los niños de sexo masculino. “Los adultos suelen decirles ‘no llores, sé valiente’, por un tema cultural, cuando no hay nada malo en llorar”.

Con su creación pretende también que los adultos validen las emociones de los más pequeños “sin menospreciarlas”. Y también que los acompañen y comprendan cuando viven momentos de pena.

–  ¿Por qué puede llorar un niño?

–   En su mundo hay una infinidad de situaciones que les generan tristeza. Pueden sufrir, por ejemplo, porque les dijeron “tonto”. Pueden sentir pena, porque sus papás se separaron o porque murieron sus abuelos. Son temas cotidianos en nuestra sociedad, pero  para ellos pueden resultar muy significativos.

–  ¿Qué deben hacer los adultos ante esto?

– Es importante contenerlos, pero no deben ser asfixiantes. En ningún caso hay que agobiarlos. Deben acompañarlos, cuando algo no les gusta y revisar lo que les pasa. Los niños deben aprender a comunicar poco a poco su tristeza y malestar. Después, cuando pasen los años, lo harán con más inteligencia que los adultos, que a veces podemos ser un poco torpes para mostrar nuestras emociones.

–  ¿Qué te entristecía cuando eras niña?

–  Mi mamá murió cuando yo tenía cinco años. No la lloré mucho en ese momento, porque a esa edad es difícil dimensionar lo que significa la muerte de una madre. Cuando ella falleció estaba esperando mellizas y una de ellas sobrevivió.  Permaneció en  estado vegetativo durante doce años. Cuando crecí empecé a llorar esas muertes.  Recuerdo que tenía 17 años cuando me desbordé. Es por eso que creo que se debe validar el llanto. Cuando uno llora la pena se va.

CAPACIDAD DE ASOMBRO

Imagen foto_00000014Marión Acuña nació en Santiago –es hija de un sociólogo y una psicóloga – tiene dos hermanas y se crió entre Ñuñoa y Las Condes.

Cuando egresó de enseñanza media se matriculó en Teatro en la Universidad Católica. Viajó posteriormente a Barcelona y estando allá quiso estudiar pedagogía. Se quedó viviendo ocho años en esa ciudad y posteriormente se trasladó a París donde estuvo un año. En la capital francesa hizo clases en colegios donde había diversidad, relata.

Al regresar, se quedó unos meses en Santiago y se trasladó a vivir al Cerro Concepción, en Valparaíso, porque le encanta el puerto y su calidad de vida. Vive sola y no tiene hijos.

En el Colegio Yurpén trabaja desde hace cinco años. El teatro –comenta- lo usa “como una herramienta creativa”.

–   ¿Cuál es el plus de los colegios que aplican el método montessori?

–  Uno puede observar  más a cada estudiante.  Yo sé lo que le sucede a los alumnos de mi sala y puedo darme un tiempo con cada uno de ellos a nivel emocional, que es muy importante, y también en el ámbito del aprendizaje. Trabajamos con muchas actividades simultáneas que están insertas en diversas áreas del saber. Puedo respetar el ritmo de aprendizaje de cada uno.

– ¿Cómo se enseña?

– Si vamos a hablar del universo hacemos una gran presentación, por ejemplo. A partir de eso, los estudiantes se preguntan un montón de cosas y nosotros trabajamos con eso. Desarrollamos en ellos la capacidad de asombro, y a partir de ahí se plantean hipótesis. Después acuden a las fuentes, ven videos, consultan textos y sacan sus propias conclusiones. La idea es que aprendan a aprender.

–  A la luz de tu experiencia, ¿cómo ves la reforma educacional que impulsa el Gobierno?

–  La educación hoy día está centrada en lo congnitivo, falta considerar lo emocional, lo corporal. Y esto no pasa por tener más horas de educación física, sino que por tener la conciencia de que somos un cuerpo con emociones.

– ¿Qué otros proyectos tienes en mente?

–  Me gustaría hacer libros que se lean desde la oscuridad, con una linterna. Leerlo de esta manera es distinto que hacerlo con luz. Le estoy dando vueltas a esa idea. Tengo otro sueño: instalar algún día un colegio alternativo, que esté abierto a las emociones.

DÓNDE ENCONTRAR EL LIBRO

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► El libro se vende en las librerías: TAKK, Universitaria, Biblioteca Nacional-Lom, Metales Pesados, Altamira, Prosa Política, Lolita y Usach (Alameda 2229) y en la dirección nacional de Junji.

► En regiones, en las sedes de Junji de cada ciudad. Internamente se distribuye a todos los jardines infantiles institucionales de manera gratuita.

Fuente: La Nación