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    Una guagua mirando en el Metro ‘¿tá o no tá?’

    May 24, 2016

May 24, 2016

Una guagua mirando en el Metro ‘¿tá o no tá?’

Un hombre entra con su hijo de poco más de un año en brazos al Metro. El infante comienza a mirar alrededor buscando ‘algo’. Se detiene en un paraguas, con una chaqueta, pero ciertamente no es lo que busca. Se topa con una mujer con la que por un instante cruzan miradas, pero que rápido vuelca sus ojos a su smartphone. La guagua (el bebé) la mira, quizás esperándola, que abandone la pantalla y se reencuentren. Pasa el minuto y medio entre estación y estación, y la mujer sigue absorta. La guagua frunce un poco el ceño y observa el celular de contracara. Mira otras cosas también, pero cada tanto retorna a esa mujer. Sólo allí me doy cuenta de que es su madre.

No puedo decir que la atención sea una faceta privativa de los seres humanos. Los primates, entre otros animales, la llevan muy bien. Sin embargo, algo del orden del encuentro que se produce en el cruce de las miradas parece marcar varios hitos del desarrollo cognitivo, social y emocional en nosotros. Que los bebés se reconozcan a sí mismos es fruto de que han podido encontrar su existencia primero ante los ojos de sus madres. En su mirada atenta, sensible y despierta. Hay allí mucha belleza y también un pacto que como sociedad hemos estado, hasta ahora, dispuestos a cumplir.

Un infante hace sus ‘gracias’ en la calle, sus morisquetas y sus lalaleos (‘ayo’ ’oa’ ’agú’) y celebramos. Nos sentimos importantes al ser aquellos elegidos por la atención de su majestad el bebé (como decía Freud). En respuesta, el bebé se nutre de ser reconocido por nosotros en su tierno esfuerzo por ser parte de la comunidad implícita de los que tenemos una voz. Por cierto que me refiero aquí no a la voz concreta, sino a que el bebé sea considerado como una persona total.

Todavía tenemos guardianes del espíritu en las calles. Transeúntes desconocidos, porteros, guardias, boleteras, barredores, choferes, ambulantes o simplemente madres y padres que incansablemente (o más bien horriblemente cansados pero igual) responden a las ‘gracias’ de los nenes propios y ajenos, dándoles con su mirada entusiasta el regalo de ser reconocidos como parte de los seres humanos.

Pero entramos al Metro volcados al mundo distraído que pasa sin que nada pase. Y llega una guagua al Metro que espera que ‘algo’ pase, allí, de cuerpo presente. Ojalá llore y proteste, y fuerce aunque sea por perturbación a alzar las cabezas. Ojalá reclame su legítimo derecho a ser relevante y a tener una sociedad que le reconozca.

Diría que una guagua mirando en el Metro se merece al menos eso.

Referencia

Lucio Gutiérrez. Psicoanalista y Doctor en Psicoterapia. Columnista de Mirada Diaria sobre esas pequeñas cosas que pensaste, que dejaste de pensar y que pensaste que otros no pensaban.